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Historia de Sant Antoni de Portmany notas del siglo XX

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Notas del siglo XX

Sant Antoni entra en el siglo XX con una continuidad del estado de las infraestructuras que se habían ido acabando el siglo anterior: la carretera Sant Antoni - Eivissa, la construcción del puerto y el drenaje de la bahía, la construcción de los faros de sa Conillera y de ses Coves Blanques, la instauración de escuela pública en el pueblo de Sant Antoni. Sin embargo, a principios del siglo XX el aumento de la población había sido muy poco significativa; al contrario, como todos los municipios de la isla había perdido población debido a la emigración a América, sobre todo en Argentina y Cuba. En 1900 Sant Antoni tiene 4263 habitantes.

Otro hecho a tener en cuenta es que la mayor parte de la población vivía en un hábitat disperso a lo largo de las parroquias; sólo en el pueblo de Sant Antoni podemos hablar de un núcleo urbano, siguiendo la distribución de las calles y casas que se van construyendo a lo largo de las calles que conducen a la iglesia desde el mar: la entrada a Sant Antoni por sa Riba - que era el espacio donde paseaban las parejas -, el calles Ample, de sa Xeringa, del bisbe Torres, del Progrés, de Sant Mateu y de Santa Agnès, así como las calles transversales del Far, del general Balansat, de Sant Antoni, de Antoni Riquer y de Rossell.

Curiosamente, se constata que todas las iniciativas económicas que pronto se llevarán a cabo, se relacionan con los réditos obtenidos en las Américas. Durante los años veinte comienza a notarse una actividad económica que se concreta en la creación de empresas de transporte para cubrir la línea de autobús entre la ciudad de Eivissa y Sant Antoni, o una naviera que exportará materias primas entre el puerto de Portmany y Valencia, abren las primeras fondas, La Esmeralda de Margalida Portas y la Fonda de s'Estany o Miramar. Y se inicia la construcción del primer hotel.

En 1934 el Ayuntamiento aprueba un proyecto de ensanche urbanístico redactado por el arquitecto mallorquín Gabriel Alomar, para desarrollar Sant Antoni desde la nueva calle del Mar hacia poniente. El pueblo está a punto para crecer, pero la Guerra Civil y los años más difíciles inmediatos a la guerra, conocidos como els anys de la fam (los años del hambre), frenarán el crecimiento económico. Habrá que esperar a los años cincuenta para la recuperación.


Los primeros hoteles: Portmany y Ses Savines

En los años treinta finaliza la construcción de los primeros hoteles: el hotel Portmany, propiedad del pionero empresario Josep Roselló, Pep de na Mossona, que abre las puertas en 1933, y el hotel Ses Savines, propiedad de Rafael Marí des Correuer, en 1935. Con anterioridad, sólo existían las fondas Miramar, situada en la calle Ample, regentada por Catalina Ribas y Paco, y La Esmeralda, en la esquina de las calles del Progrés y de Sant Antoni, regentada por Margalida Portas, de sa Fonda.

Años más tarde, en la playa de Es Pouet también entró en funcionamiento el hotel Playa, propiedad de los Hannauer, una familia alemana judía refugiada en la isla. Después abrió el hotel San Antonio. Pronto se inició la construcción de otros hoteles cerca de la costa, como son el hotel Cala Gració, el hotel March, el hotel Bahía y la pensión Catalina. En los años sesenta llegó el boom de la construcción de hoteles en el entorno de la bahía de Portmany y en el centro del pueblo.


Colmados y cafés

Esta incipiente actividad turística animó otras infraestructuras y actividades complementarias como son las panaderías, los colmados y las cafeterías. Las primeras panaderías fueron las de Can Rafal (1931) y Can Fumeral.

Los colmados también irán llegando a Sant Antoni. Uno de los más antiguos, si no el primero, fue la de Can Joan Prats, junto con las de Cas Correurer, y de Can Toni des Correuer, Can Figueretes y Can Portmany. Esta última estaba regentada por la familia alemana Müller, que introdujo la mantequilla y la margarina en el pueblo. Todas estas tiendas estaban situadas en la calle Ample o en la calle del Progrés, a las que se añadió más tarde la tienda d'en Germà, en la calle Ample. En la calle del Progrés estaban las tiendas d'en Pouet, de Ca na Cossari, de Pedro Real y de Can Coixet. La primera carnicería fue montada por Vicent Ribes en la calle Ample y las primeras pescaderías fueron las de Pau y Pepito Roig, ambas en la calle Progrés.

Tras la Guerra Civil, en Vicent Bonet abre una fábrica de sifones y de refrescos de gaseosa, naranjada y piña, en la calle de Santa Agnès, y en Ribes otra en la calle de Ramón y Cajal.

En la zona tampoco podían faltar los cafés como el de Micaleta, ca n'Escandell, de Esteve, de Pep de s'Estany, todos en la calle Ample. Durante los primeros años 30, la familia alemana Baumann monta en sa Riba el café Bellver o de Xumeu Ferrer. También En la calle Miramar, se encontraban El Patio, el café Central, can Frit y ya después de la guerra civil se añadieron los cafés de ca Lacambra (hoy, Los Gatos) en la calle Progreso y el de ca na María, de Pere, en la calle Ample.

Para poder utilizar toda esta actividad complementaria Pep de na Mossona montó una fábrica de luz en la calle de Sant Antoni y otra de hielo que se encontraba detrás del hotel Portmany. En 1931 el Ayuntamiento acuerda contratar a Alfonso Ribas Piqué diez puntos de alumbrado público para las calles.


Herreros, carpinteros y empresas de transporte

Otros talleres que se establecieron a lo largo de la primera mitad del siglo XX en Sant Antoni fueron las herrerías de Vicent Petit y de Barda y las carpinterías como la de Toni Vinyes, Llucià y Mestret.

Durante la primera mitad del siglo XX, se intentaron otras actividades relacionadas con el mar como la pesca de la esponja dentro de la bahía por parte de una empresa con personal griego, la instalación de un vivero de langosta primero en las Coves Blanques y más tarde en la cueva hoy llamada des Peix o de ses Langostas.

También podríamos hablar de la actividad de la construcción naval, en la que destacan carpinteros de ribera como Joan Marí, es Calero.

Durante los años veinte, el empresario Alfonso Ribas Piqué montó una pequeña empresa naviera que exportaba carbón, algarrobas y almendras entre el puerto de Portmany y el de Valencia, con el pailebote Villa de San Antonio, y volvía cargado de abonos químicos. Este mismo empresario obtiene la concesión para la línea de autobús entre Vila y Sant Antoni: recordemos que se hacía mediante vehículos propulsados por gasógeno. Eran los años de los famosos autobuses (o camions, como se llamaban entonces) La Parrala y El Tío Pepe.


Años cincuenta y sesenta: buena comida y mucha diversión

Durante la década de los 50 y los 60 se desarrolla buena parte de la infraestructura turística de Sant Antoni: hoteles y pensiones, restaurantes, tiendas y salas de fiesta. El Hotel Cala Gració y el Hotel Bahía, entre otros. Entre los restaurantes de la época, podemos hablar de S'Olivar, s'Illa, El Refugio y un lugar de tapas como el Rincón de Pepe -aún en funcionamiento- o la Bodeguilla Tristán.

La primera sala de fiestas que abrió al público fue Ses Voltes, ideada por la señorita Comes, que abrió una pista de baile en un espacio abierto con orquesta, en la playa de s'Arenal, donde hoy se encuentra el hotel que lleva el mismo nombre; ella fue quien trajo a la isla al músico Alfonso Rivero, pionero de la industria del ocio nocturno en Portmany y fundador de la segunda sala de fiestas conocida con el nombre de Isla Blanca. Alfonso Rivero escribió la letra y música de un hermoso bolero titulado Bahía de San Antonio.

Durante estos años los hermanos Bonet abrieron otra sala, Ses Guitarres, sala en la que bailaron la pareja María Martín y Paco Torres; y la sala Capri, de Pepe Roselló, con el mismo concepto de jardín natural abierto. Años más tarde, se inauguró Sa Tanca, de Gerardo Gas, y la primera sala discoteca, el Nito's, de Nito Verdera. Ya en los años setenta se inauguró un café musical, Café del Mar, con un nuevo concepto basado en la música chillout y el espectáculo natural de la puesta de sol, en la costa de poniente con vistas de sa Conillera; este establecimiento cuenta con un bello estilo neomodernista diseñado por el artista Lluís Güell. Otra discoteca decorada por el mismo artista y abierta en esos mismos años es Es Paradís Terrenal, frente a s'Arenal.


Creación del barrios de Ses Païsses y Can Bonet

A partir de los años cincuenta, son muchas las familias de Santa Agnès de Corona, de Sant Mateu d'Albarca y de Sant Miquel de Balansat que abandonan su hábitat rural para ir a vivir en Ses Païsses y Can Bonet, donde compran pequeñas parcelas de terreno para la construcción de nuevas casas. Estos barrios presentan un urbanismo no muy ordenado pero muy interesante, porque son fruto del traslado de los esquemas mentales y sociales rurales en un entorno urbano: casas mayoritariamente de una planta, con un huerto pequeño donde se cultiva un poco de todo, con algunos árboles frutales y un corral adosado para los animales. Prácticas que hoy en día casi han desparecido.

La mayor parte de estas familias encontraron trabajo en el sector hotelero y complementario y algunos crearon pequeñas empresas que se han dedicado hasta el día de hoy al transporte marítimo en el interior de la bahía y a realizar excursiones a las playas y calas de la isla.


Por Marià Torres.

Fecha última modificación:



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